Sarachay

 

La filosofía de la Vivienda Cooperativa requiere convicción del valor solidario, confianza en la empresa Cooperativa, pero ante todo certeza del logro mutuo y un alto sentido de trabajo en equipo, la cooperativa matriz de un proyecto integral donde la modalidad es la propiedad colectiva, el manejo ambiental y la construcción de comunidad, la cual se constituye en un proceso que tiene perfil de utopía y se hace necesario el encuentro permanentemente de las ideas para lograr el cambio de la mentalidad individual a la del interés colectivo. Este es el reto, en el que se avanza a marcha lenta y sin pausa para alcanzar el propósito del proyecto ¡somos semilla!

Se cuenta como eje de solidez la permanencia de asociados fundadores en el proyecto de vivienda cooperativa, con nuevos asociados que renuevan el proceso, con activos tangibles en terrenos y equipos, con un activo intangible representado en la familia Trascender-Sarachay derivada del núcleo de cada asociado, comités operativos y núcleos de trabajo.

Desde la fundación se cuenta con un comité de educación, técnico y social, en el año 2006 se creo el comité de comunicaciones, el rural o siembra que a la fecha se implemento como el agroecológico. En el 2014 se creó el comité financiero pensando en el futuro desarrollo y sostenimiento de los aspectos económicos de la cooperativa.

Proyecto de vida

Construcción de Comunidad

–  Construimos comunidad, vecindad y acuerdos para la convivencia en el territorio desde los espacios solidarios.
–  Reconocemos, valoramos y aportamos desde el conocimiento, la experiencia y fortalezas de quienes integramos la comunidad.
–  La conservación de saberes y legados de los ancestros en bienestar de la comun-unidad.

Ciudado del Territorio

–  Manejo y clasificación de residuos en la fuente orgánicos, no orgánicos.
–  Utilización de implementos que no contaminen el territorio.
–  Producción de alimentos para el autoconsumo
–  Intercambio de productos con otras comunidades
–  Conservación del entorno, el cuidado de los acuiferos, la reserva natural y guadual.

Proyecto PAN – Producción de Nuestro Propio Alimento

(Gráfica pendiente)

El proyecto en el que nos estamos embarcando consiste básicamente en echar a andar progresivamente varias actividades relacionadas directa o indirectamente con la producción de alimentos y que poco a poco iremos encadenando una con otra hasta que todas formen un sistema donde cada una de ellas será parte esencial de un todo.

El referente nuestro será la Agroecología en sus principios más básicos como lo es el enfoque de una agricultura más ligada al medio ambiente y más sensible socialmente. ¿Qué quiere decir esto?: que practicaremos una agricultura que no va a estar basada solamente en la producción sino también en la sostenibilidad ecológica del sistema de producción; para ello se evitará el uso de insumos nocivos para el medio ambiente y aumentaremos los insumos naturales, evitaremos el uso de fertilizantes sintéticos, haremos control biológico para el manejo de plagas y enfermedades, reciclaremos biomasa, estiércol animal y fertilizantes orgánicos para reforzar la acumulación de materia orgánica en el suelo.

Preparamos nuestra primera “milpa” en un espacio de mil seiscientos metros cuadrados y sembramos maíz, frijol y soya.

Contamos con una extensión de tierra para cultivar de aproximadamente dos hectáreas, con una temperatura promedio anual de 240C y dos temporadas de lluvias en el año; dentro del terreno ya hay algunos árboles frutales donde encontramos básicamente cítricos, mangos y cacao; el terreno está cruzado por dos acequias donde una de ellas alimenta un pequeño lago que nos servirá para el cultivo de peces a pequeña escala.
Orgánicamente estamos divididos en comités que se encargan de adelantar las diferentes tareas para cubrir las necesidades internas del proyecto; uno de ellos es el “Comité de Agroecológico” que orienta y propone las diferentes actividades relacionadas con el aprovechamiento del terreno como un valioso recurso en la producción de nuestros propios alimentos.

FOTO

Semillas nativas custodiadas por campesinos de la región fueron las elegidas para nuestro primer cultivo

Nuestra primera experiencia la tuvimos en septiembre del año pasado (2.017) cuando adecuamos un área de aproximadamente mil seiscientos metros cuadrados como milpa en donde la trilogía principal fueron el maíz, el frijol y el zapallo, aunque también se aprovechó una pequeña franja para sembrar girasoles y algunas plantas de cilantro a modo de ir conociendo el terreno; también a modo de ganar experiencia se alternó con el frijol semillas de soya en cantidades similares.

Dentro del mismo Comité hay preferencias e inclinaciones por tareas y es así como algunas personas lideran y convocan a la comunidad en la tarea de implementar un vivero en donde se desarrolla el proceso de semilleros de las diferentes plantas a sembrar en nuestros cultivos para producir alimentos y la reproducción de plantas de flores que ayudarán en la adecuación de un paisaje más agradable a la hora de vivir en nuestro espacio.

Como se decía anteriormente, el Comité de Agroecológico convoca a la comunidad y ésta se organiza en mingas o grupos de trabajo para desarrollar la actividad del día, así hemos adelantado las diferentes etapas del proceso para producir nuestro propio alimento; en septiembre después de estar preparado el terreno nos reunimos para sembrar añadiendo a la tierra un poco de abono natural como lo es la gallinaza o estiércol de gallina, tres meses más tarde estábamos cosechando el frijol y algunas mazorcas de maíz tierno y al cuarto mes la totalidad del maíz para colocarlo a secar colgado al medio ambiente para luego ser desgranado y molido para preparar sopas y otros alimentos de la cocina tradicional o simplemente pasar a ser alimento de gallinas después de separar una buena porción de maíz seleccionado como semilla de nuestra próxima siembra.
Este nuevo proyecto nos ha dejado mucho conocimiento basado en la experiencia y nuevas formas de relacionarnos en comunidad, compartiendo desde las diferentes miradas que tenemos por ser en su gran mayoría personas citadinas alejadas de la actividad del campo y la relación con la tierra. En especial, fue muy enriquecedor dentro de este proceso el resultado obtenido al proponer un concurso de espantapájaros para proteger el cultivo de las loras que anidan por el sector, en donde toda la comunidad se dividió en grupos y por medio de una sana competencia elaboraron seis muñecos que realizaron la tarea de mantener a salvo nuestra siembra; igual de gratificante fue la actividad de rescatar recetas de nuestras madres y abuelas, expertas en cocina tradicional, que replicamos y compartimos hasta cerrar así el circulo de preparar a partir de una semilla, nuestro propio alimento.

Nuevas actividades en torno a la siembra han ayudado a fortalecer los lazos de amistad que se evidencian en cada encuentro.

 

Actualmente contamos con un espacio a donde van a parar los residuos de origen orgánico, principalmente el salido de las podas y la elaboración de alimentos, pero éste no tiene las especificaciones técnicas para una elaboración de compost más efectiva y un mayor aprovechamiento del potencial que ofrece el proceso de descomponer el material orgánico. Dentro de nuestras preocupaciones más inmediatas está la de construir un espacio definitivo que nos dé la oportunidad de aprovechar todas las posibilidades que da el proceso y que en el menor tiempo posible estemos produciendo a la par con los abonos, preparados para contrarrestar las plagas y enfermedades propias de los cultivos; está dentro de los presupuestos implementar allí mismo un espacio para lombrices para aumentar la calidad y la variedad de productos para ofrecer como fruto de un proceso natural de descomposición. El material a descomponer seguirá saliendo en su gran mayoría de las podas y se complementarán inicialmente con los excrementos de gallinas o conejos que se tendrán para la comercialización.

La tarea será ir cerrando círculos y encadenando cada una de las piezas del sistema hasta que cada una esté soportada en las demás, por ahora tenemos como resultado de nuestra primera experiencia, semillas de maíz producidas ya en nuestro terreno que son las que utilizamos para la segunda siembra.

Proyecto Político

– Incidencia en el territorio
– Orden Comunitario
– Soberanía alimentaria

En la construcción y tejido de la sociedad colombiana es necesario visibilizar y reconocer el papel del movimiento social viviendista, que desde la década de 1960 ha aportado iniciativas, métodos e instrumentos para estructurar y ejecutar proyectos de vivienda con base en la organización comunitaria. El sello que caracteriza estas iniciativas ha sido el despliegue de la capacidad de organización social, configurada por principios como la autogestión, la ayuda mutua, y la solidaridad, con los cuales se gestionaron y prosperaron programas de vivienda que siempre han ido mas allá del resultado físico y constructivo, apuntando a desatar potencialidades sociales, ambientales, económicas y culturales, que se han reflejado en la apropiación del territorio y notables ejemplos de convivencia y buena vecindad.

Durante la década de 1990, a la par que se reconoció el derecho a la vivienda en la constitución, los gobiernos de la época se sumaron a las dinámicas internacionales del ajuste estructural, eliminando la iniciativa pública y la institucionalidad del sector vivienda social, reduciendo la política pública de vivienda y la inversión correspondiente, a una estrategia macroeconómica con un solo instrumento, el subsidio individual a la demanda.
Temas estructurales como la gestión de suelo urbanizable y su costo, el acceso a financiación a largo plazo, la atención de los problemas de la vivienda informal y sus consecuencias en la tenencia, los servicios públicos, la vulnerabilidad y los riesgos, han quedado marginados de la política publica con graves impactos en la calidad de vida, constituyendo un creciente déficit de vivienda cualitativo de magnitud proporcional al desplazamiento ocasionado por el conflicto armado con ocho millones de victimas.

La ausencia de política publica incluyente e instrumentos para canalizar y organizar la demanda asociativa de vivienda, ha generando, marginalidad, pobreza, altos costos sociales, económicos e impactos ambientales negativos de estas soluciones para las familias y también mayores costos fiscales y de contingencia para el estado, produciendo además, una forma de resolver el problema de la demanda de vivienda por canales informales, que mayoritariamente son aprovechados por urbanizadores piratas y políticos locales que han obtenido enormes utilidades económicas y réditos políticos a costa de la calidad de vida de millones de Colombianos.

La magnitud del fenómeno y la tolerancia del mismo implica una especie de comportamiento “bipolar” y perverso de los gobiernos, frente a este tipo de “urbanización” de consecuencias devastadoras para con la naturaleza.

Comunidades urbanas con capacidad de pago pero sin cabida en la oferta de vivienda del mercado y de los instrumentos institucionales, encontraron en las organizaciones, juntas, cooperativas y asociaciones de vivienda popular una propuesta innovadora para construir, vecindad, comunidades y convivencia, mas allá del soporte físico del barrio y de la casa, lo cual brinda la posibilidad de configurar un modelo alterno de política publica de vivienda con potenciales de impacto integral y de largo plazo.

Con respecto a la actual situación dos elementos a resaltar; por un lado la ausencia de ofertas constructivas innovadoras que incorporen las exigencias para enfrentar, la diversidad de nuestro país, la evidencia del cambio climático y la necesidad de integrar en todas las iniciativas, los objetivos de desarrollo sostenible y la Agenda Hábitat, para lo cual, cabe proponer un enfoque que fortalezca las capacidades ciudadanas para cualificar los espacios y mecanismos de la participación de las comunidades en todas las etapas de los procesos habitacionales, para lograr apropiación de los territorios y mejorar las condiciones de convivencia.

Modelo Cooperativo

– Construcción de Vivienda
– Trabajo del colectivo

Desde Trascender Cooperativa Multiactiva venimos trabajando en hacer una realidad nuestro proyecto de VIVIENDA COOPERATIVA “SARACHAY”, como posibilidad de vivenciar los valores y la filosofía Cooperativa, de construir espacios de convivencia y construcción de comunidad que le apuestan a la solidaridad y la implementación de un proyecto de vida de los asociados/as, con producción agroecológica, energía solar, reciclaje de aguas, restaurante comunitario, lavandería colectiva, centro de pensamiento, tienda solidaria, implementación de tecnologías alternativas de construcción, siembra de plántulas e intercambio de semillas nativas y donde existe uso y usufructo sobre el territorio, la propiedad es colectiva y los seres humanos y no humanos somos parte de la naturaleza y el hábitat, hace parte de la cotidianidad y están incorporados en las prácticas comunitarias.

La vivienda cooperativa es un tema novedoso teniendo en cuenta que lo colectivo, organizativo y comunitario son el soporte de la propuesta y esto se expresa en que la propiedad es de la cooperativa, los asociados y asociadas cuentan con una escritura de uso y usufructo voluntario sobre su casa pero lo que lo vincula al proceso es la vecindad, organización y solidaridad, por lo cual consideramos importante empezar a posicionar este tema en la agenda pública y política de nivel nacional. Pensamos que el tema de la propiedad cooperativa es un punto de quiebre de la visión capitalista e inicio de un proceso que recoge experiencias y prácticas, que van desde comunidades ancestrales prehispánicas hasta procesos formales de vivienda cooperativa en países como Uruguay desde la década de 1960 y El Salvador desde la década pasada, incluyendo la experiencia de la Cooperativa Fundadores de Cali, proyecto, ejemplar y vigente, promovido por Uriel Estrada, fundador de Coomeva en 1967.

Principios Vivienda Cooperativa

• Solidaridad antes que competencia,
• Respeto por el medio ambiente,
• Conciencia Global,
• Economía solidaria.

 

Propósito del Modelo Social de Vivienda Cooperativa

El creciente deterioro de nuestro entorno, conlleva a trabajar en el proceso de una “conciencia global”, al punto de que cada individuo pueda sentirse como parte de esta célula cósmica llamada Tierra, donde todo está tan interrelacionado y es tan interdependiente que, inevitablemente, nuestro desarrollo como sociedad es fruto de la suma del desarrollo de cada uno de los individuos que la componen, reflejándose éste en el respeto por nuestro entorno tanto en lo referente al medio físico, como a los seres que lo habitan.

Desde este contexto la vivienda cooperativa se rompe con el paradigma de la escritura individual y la vivienda privada, con preponderancia del desarrollo de lo colectivo y comunitario.

Este modelo propone minimizar la huella ecológica y aplicar la economía solidaria, manteniendo la calidad de vida, el respeto del desarrollo individual y espiritual.

Más que una vivienda es la consolidación de una comunidad que cree en la constitución del colectivo como proyecto de vida con calidad.

 

Reseña del Logo Sarachay:

El nombre, el logo y el símbolo de Sarachay son de origen prehispánico y rinden homenaje a nuestros ancestros que habitaron, respetaron y amaron estas tierras jamundíes.

EL NOMBRE
El nombre nos fue dado por la vida misma y lo recibimos a través de un sacerdote Inca. El significado de Sarachay es Maicito; la semilla con la que los dioses alimentaron al pueblo americano, nuestros ancestros. Su significado nos lleva a la esencia del somos, que se expresa en: “Somos Semilla”.

EL SLOGAN
El lema “Somos Semilla” recoge nuestra esencia, surge de la convicción de ser protagonistas de un proceso de humanización que compartimos con otras comunidades. Sarachay nos integra como comunidad, con sentido de pertenencia y responsabilidad y es un legado a las nuevas y futuras generaciones.

EL SIMBOLO
El símbolo es la representación gráfica del nombre que significa maicito o semilla, se crea con tres elementos que sugieren la semilla del maíz que al ser cultivada da fruto, para nutrirnos y seguirse multiplicando. En Sarachay “Somos Semilla” en este proceso y en esta nueva forma de aproximarnos a la vida

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